viernes, 10 de junio de 2016

Soy un perdedor.


Puedo notar como algo me alivia, es como explotar grano. El pus sale disparado, se desparrama por la pared y la hinchazón de la cara baja hasta dejar solo un punto rojo más, una herida más, una marca más. Cuando algo me calma lo hace de esa forma violenta. Y el tema desaparece. Igual que la hinchazón, dejo de sentirlo completamente. Es un alivio enorme. Incluso el dolor que pudiera sentir parece quedar diluido. Parece que conocer la cosa y decidir que hacer con ella (siempre que sea salir con lo yo... no diría quiero, si no más bien la vía fácil) lo hace más llevadero, menos doloroso. Casi parece que no existe.

Aunque siempre quedan marcas.

Mi plan de ir a un psicologo sin que mi familia lo sepa se va a el garete. La cita llega en una notificación por carta que obviamente yo no voy a recoger, yo no voy a abrir y tampoco seré el primero en leerlo. Se abre un nuevo mundo que no había querido considerar hasta el momento: ¿Debería contarselo a mi familia? Definitivamente no quiero. Así que voy a intentar no hacerlo, dar un rodeo, quitarle importancia, hacer que es una visita tonta sobre cualquier cosa sin importancia.

Creo que le caigo mal a mi madre,  o al menos piensa que soy un estúpido descerebrado y egoista que solo hace lo que quiere y pone excusas (que posiblemente tenga razón oye, pero está feo) así que contarle todo para ella solo supondrá una escusa más para no estudiar y vaguear.
Mi hermana cree que me lo invento para ser especial. Alguna vez lo he comentado en menor importancia y la respuesta siempre es un: "solo eres tímido" o "todos nos agobiamos". Últimamente me salta en la cabeza un recuerdo, es ella diciendo: "Deja de creerte especial o diferente, eres como todos los demás."

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